Archive for March, 2008

Éxito en los negocios, creatividad en la comunicación

Monday, March 31st, 2008

Creo que un emprendedor debe aprender y dominar el sutil arte de la comunicación. Los líderes exitosos fueron y son expertos comunicadores. No importa a que nos dediquemos; para el empresario, el profesional, el empleado, la capacidad de comunicarse es fundamental, de ella depende el éxito en su actividad.

Dale Carnegie fue un experto en el tema y en uno de sus libros escribió las siguientes líneas al respecto:

“…¿Alguna vez usted se ha cuestionado que el perro es el único animal que no tiene que trabajar para vivir? La gallina tiene que poner huevos. La vaca tiene que dar leche y el canario tiene que cantar. Pero el perro se gana la vida sólo dando muestras de amor…”

Sin duda, los perros son comunicadores natos y obtienen en forma natural lo que desean de los seres humanos. Hay mucho que aprender de esos simpáticos animales. Ellos conocen muy bien su negocio y lo manejan en forma magistral. Para qué leer libros sobre relaciones humanas si tenemos un maestro en casa.

Bueno, también existen personas que saben de los beneficios de un buena comunicación, y lo hacen con exquisita creatividad. Dale Carnegie nos presenta un caso de su propia experiencia:

          “El año pasado yo necesitaba una secretaria privada, y puse un aviso en el diario con un número de casilla de correo. Calculo que recibí unas trescientas cartas. Casi todas comenzaban con algo así: ‘Esta carta es respuesta a su aviso en el Times del domingo con Casilla de Correo 299. Deseo ser considerada para el cargo que ofrece. Tengo veintiséis años, etc. …’
          Pero una mujer fue astuta. No hablaba acerca de lo que ella quería. Hablaba de lo que yo quería. Su carta decía más o menos esto: ‘Estimado señor. Probablemente usted va a recibir unas doscientas o trescientas cartas en respuesta a su aviso. Usted es un hombre ocupado. No tiene tiempo para leerlas todas. De modo que si usted, en este mismo momento toma el teléfono y llama al… (ya no me acuerdo del número)… me encantaría acercarme a su oficina y dedicarme a abrir las cartas, desechar las menos interesantes y darle a usted las demás. Tengo quince años de experiencia…’
          Luego seguía contándome acerca de toda la gente importante con la que había trabajado. En el momento en que recibí esa carta, me sentí con ganas de bailar sobre la mesa.
          De inmediato la llamé por teléfono y le dije que viniera, pero llegué demasiado tarde. Otro empleador la había contratado. Un mujer como esa tiene el mundo de los negocios a sus pies”.

Grandes emprendedores, Steven Jobs y Steven Wozniak (Apple)

Sunday, March 30th, 2008

En 1976, dos jóvenes estadounidenses llamados Steve Jobs y Steven Wozniak de 21 y 26 años, planeaban ingresar en una industria que apenas comenzaba en aquel momento. Eran tiempos en que los únicos usuarios de computadoras estaba compuesto por un grupo muy especial y reducido de aficionados amantes de las nuevas tecnologías.

Después de vender una camioneta y dos calculadoras abrieron “Apple Computer Inc.” en el garaje de Jobs con sólo mil trescientos dólares. No hace falta agregar que las posibilidades de éxito eran escasas, por no decir casi nulas. Pero la visión de estos dos apasionados y valientes emprendedores era muy clara: “Las computadoras serán las bicicletas de la mente. Habrá computadoras de bajo costo para todos.”

Con ese compromiso iniciaron el ambicioso proyecto, o mejor dicho, su alocada aventura. A pesar de las dificultades, cosa que es fácil imaginar, a los seis años de la fundación, vendían 650.000 unidades por año. Y en sólo 10 años consiguen transformar a Apple, una empresa de dos personas que nació en un garaje, en una compañía de 4 mil empleados.

Es verdad, hay que tener mucho cuidado con lo que desea, ya que ese deseo puede hacerse realidad.

Un ejemplo de liderazgo, Dale Carnegie

Sunday, March 30th, 2008

En su libro “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas”, Dale Carnegie nos relata lo que para él es un claro ejemplo de liderazgo:

“…Una de las primeras personas en el mundo norteamearicano de los negocios a la que se le pagó un salario anual de más de un millón de dólares (cuando no había impuesto a los ingresos y una persona que ganaba cincuenta dólares a la semana podía vivir muy bien), fue Charles Schwab. Andrew Carnegie lo había elegido para ser el primer presidente de la recién formada United States Steel Company, en 1921, cuando Schwab tenía sólo treinta y ocho años de edad…

“…¿Por qué pagaba Andrew Carnegie a Charles Schwab más de un millón de dólares por año, o sea unos tres mil dólares por día? ¿Por qué?
¿Acaso porque Schwab era un genio? No. ¿Porque sabía más que los otros técnicos acerca de la fabricación del acero? Tampoco. Charles Schwab me ha confesado que trabajaban con él muchos hombres que sabían considerablemente más que él acerca de la fabricación del acero.
Schwab aseguraba que se le pagaba ese sueldo sobre todo por su capacidad para tratar con la gente…

“…Charles Schwab tenía un capataz de altos hornos cuyo personal no producía su cuota de trabajo.
-¿Cómo es -preguntó Schwab- que un hombre de su capacidad no consigue que esta planta rinda lo que debe?
-No sé -respondió el hombre-. He pedido a los obreros que trabajen más; les he dado el ejemplo; los he regañado; los he amenazado con el despido. Pero nada se consigue. No producen, y nada más.
Estaba cayendo el día, poco antes de que entrara a trabajar el turno de la noche.
Déme un trozo de tiza -dijo Schwab. Y luego, volviéndose a un obrero cercano: ¿Cuántas veces descargó el horno el turno de hoy?
Sin decir palabra, Schwab trazó un gran número seis en el piso y se alejó.
Cuando entró el turno de la noche, los obreros vieron el seis y preguntaron qué significaba aquello.
-Hoy estuvo el jefe -fue la respuesta- y después de preguntarnos cuántas veces descargamos el horno, escribió en el piso ese seis, el número que le dijimos.
A la mañana siguiente volvió Schwab al taller. El turno de la noche había borrado el seis y escrito un siete.
Cuando los obreros diurnos fueron a trabajar, vieron esa cifra. ¿De modo que los de la noche creían ser mejores, eh? Bien: ya les iban a enseñar a trabajar. Se pusieron a la tarea con entusiasmo y cuando se marcharon aquella noche dejaron en el piso un enorme número diez.
A poco, este taller, que se había quedado atrás en producción, rendía más que cualquier otro de la fábrica. ¿Cuál es el principio?
Dejemos que Charles Schwab nos lo diga. “La forma de conseguir que se hagan las cosas -dice Schwab- es estimular la competencia. No hablo del estímulo sórdido, monetario, sino del deseo de superarse.”
¡El deseo de superarse! ¡El desafío! ¡Arrojar el guante! Un medio infalible de apelar a los hombres de carácter…

“…Charles Schwab pasaba por uno de sus talleres metalúrgicos, un mediodía, cuando se encontró con algunos empleados fumando. Tenían sobre las cabezas un gran letrero que decía: “Prohibido fumar”. Pero Schwab no señaló el letrero preguntando: “¿No saben leer?” No, señor. Se acercó a los hombres, entregó a cada uno un cigarro y dijo: “Les agradeceré mucho, amigos, que fumen éstos afuera”. Ellos no ignoraban que él sabía que habían desobedecido una regla, y lo admiraron porque no decía nada al respecto, les obsequiaba y los hacía sentir importantes…”