El emprendedor Ray Kroc, o el universo Mc Donald´s
Wednesday, May 7th, 2008
“Este muchacho sabe lo que quiere”, esbozó un testigo fortuito aquella tarde estival de 1955, en la que el ejecutivo de máquinas de batido Ray Kroc, se quedara con la primera franquicia de ese negocio de comidas rápidas que brillara por su limpieza, para lograr poco tiempo después, que el nombre de sus dueños, los hermanos Mc Donald, se transformara en un referente no sólo económico sino también social.
Dice la historia que habían pasado algo más de veinte años desde que Richard y Maurice McDonald, dos jóvenes emprendedores, llegaran a Pasadena dejando atrás mandatos familiares. Tras probar suerte con diferentes comercios se dieron cuenta del auge del automóvil y crearon un negocio paralelo: la venta de comidas a ocasionales conductores atendidos por veloces señoritas montadas en patines, que entre pedido y pedido, alternaban con cocineros de comidas rápidas en un sistema edilicio octogonal, que permitía el recorrido circular de los autos a la vez que la preparación in situ de la comida quedaba a la vista.
Con un considerable capital a cuestas, los inquietos hermanos Mc desembarcaron muy cerca de Los Ángeles animándose con su nombre.
Ni remotamente imaginaron la gran cadena comercial por venir cuando decidieron diferenciar su restaurante en medio de una gran crisis económica. La mano de obra se había convertido en un problema y los costos de las materias primas eran elevadísimos, entonces, frenar ímpetus y sentarse a analizar las cuentas fueron prioridad.
El último balance arrojaba que el 80 % de la rentabilidad estaba dada por las hamburguesas.
Era el momento de tomar el toro por las astas y adosaron rapidez y autoservicio como esencia de la reestructuración en combinación a precios bajos.
Tres fueron los meses que les llevó el cambio y sin patinadoras a la vista optaron por un servicio directo, bandejas descartables, y preparación estándar de alimentos en línea contenidos en un menú de nueve platos, donde las hamburguesas fueron las anfitrionas por excelencia a sólo quince centavos de dólar.
La facturación del comienzo fue baja, pero nuevas propuestas fritas hicieron que el negocio repuntara.
Fue entonces que, tanto Dick como Mac, comenzaron a amesetar sus aspiraciones hasta que apareció Kroc, quien compró la primera licencia y llevó con el tiempo a McDonald´s Corporations a ser número uno en fast food en Norteamérica.
Respondiendo a las nuevas necesidades del mercado mundial, no sólo de adultos, sino también de niños, el apodado Rey de la Hamburguesa, desafió como nadie la Ley de los Arcos Dorados y eligió a Ronald, un pintoresco payaso hoy casi tan conocido como Papa Noel, para sintetizar lo feliz que era pensando el día que entró a ese local tan pulcramante organizado a ofrecer sus máquinas y se quedó no sólo con el comercio, sino también con la gloria.
Cuando alguien se pone a pensar en un negocio, muchas veces cree que ya todo está inventado. Seguramente aún queden muchas cosas por inventar, pero la ocurrencia de algo absolutamente novedoso no es un requisito elemental para hacer un buen negocio. Puede pasar que, dentro de un producto que cubre determinado mercado, lo que surge es la visión de un nicho de ese mercado que no se encuentra satisfecho con ese producto o servicio. Se trata de buscar nichos, dentro de lo ya existente.
Cuando nació su primer hijo, Faustina García pidió en la empresa donde trabajaba una reducción de la jornada, para poder dedicarle más tiempo a su nuevo rol de madre. En la empresa se lo negaron, y ese fue el inicio de la historia de Faustina García empresaria y de su compañía de adhesivos.