¿Por qué para algunos es tan sencillo ganar mucho dinero y tener éxito, mientras otros viven rodeados de necesidades y abatidos por la frustración?

¿Cuales son las claves para lograr el éxito? ¿Existen esas claves?

Estas y muchas preguntas relacionadas con el dinero y el éxito, fueron las que me hice en un momento de mi vida y las que me impulsaron a buscar, en forma apasionada, los pasos seguidos por los grandes emprendedores de la historia.

Emprendedor y negociante animado, Walt Disney

Tanto su nacimiento recién comenzado el siglo XX, como su muerte, están rodeados de un halo de misterio. Algunos de sus historiadores afirman que su llegada al mundo se produjo en alguna ciudad andaluza, aunque más tarde haya mudado sus aires a una mejor supervivencia en Chicago, algo que investigó en vida para conocer a ciencia cierta sus orígenes, y que al estar desahuciado optó por la criónica como la práctica que lo preservaría hasta que los avances científicos derrotaran el mal que lo llevaría a la muerte para devolverlo a la vida.

Lo cierto es que ninguna de estas especulaciones alteraría la línea trazada por su pluma de genio absoluto y supremo hacedor de películas animadas, con la que supo marcar infancias generacionales a partir de creaciones totalmente alejadas de quienes lo sindicaban con más vinculaciones de poder que aspiraciones artísticas.

Combatido como pocos en su época, se lo señaló no sólo como un gran manipulador de la pantalla grande, sino también como un ejemplo de lo que no se debe hacer bajo el dedo acusador de fumador desquiciado.

El comienzo de la aventura

Alguien dijo que al ser hijo menor poco podía ayudar a su padre granjero, por lo que se recluía en juegos que hacían volar su imaginación de niño con papeles, pinceles y colores que, poco a poco, dieron paso a personajes que ganaron su imaginario hasta que maduraron y vieron la luz.

Quizás esto haya ocurrido en Francia durante la Primera Guerra, cuando alistado como chofer de ambulancias de la Cruz Roja tuvo la osadía entre traslados, de empapelar el interior del vehículo con sus caricaturas.

La manifestación del talento estaba en marcha, pero su arbitraria exigencia, hizo que reconociera que aún debía perfeccionarse si en verdad quería vivir de su vocación.

Con más sueños que matices, merodeó las Bellas Artes de Chicago, al tiempo que se establecía en Kansas para ganarse la vida como publicista en la Gray Advertising Company y luego en el Pesmen-Rubin Commercial Art Studio, diseñando para ambos afiches y logotipos.

Pero es despedido y, sin más, se lanza por cuenta propia. Este fracaso fue más que inmediato y tras su vuelta a la relación de dependencia encuentra en la bolsa de trabajo un espacio en el Kansas City Film Ad Service, una cinematográfica que lo introduce al mundo del dibujo animado.

Allí conoce la técnica que lo sacaría de pobre empleado con dificultades financieras para convertirse en el sagaz creador de “Alicia en el País de las Maravillas”, en donde combinó imágenes reales con dibujos animados, hallazgo que la empresaria Margaret J. Winkler valoró proponiéndole costear el emprendimiento condicionándolo a la realización de una serie con el mismo formato.

La magia productiva de la antropomorfia

Trabajó duro, y con dinero fresco fondeó en Hollywood para fundar sencillamente los Estudios Disney. Tras un tiempo prudencial de lucro, Alicia ya no fue lo que era, y el esposo de la empresaria, el distribuidor Charles Mintz, le propuso la creación de un personaje entre animal y humano.

Es entonces cuando surge Oswald, el conejito feliz, para convertirse en el primo hermano mayor de Mickey Mouse, quien en noviembre de 2008 cumplirá ochenta años desde que asomara por primera vez con voz desde el celuloide, y aunque también se ponga en dudas la paternidad del dibujante sobre este efectivo personaje, es irrefutable que a partir de allí comenzó un recorrido por demás rentable de Mickey y las demás figuras animadas para Walt, y todos los que, aún hoy, conforman el imperio Disney que en la actualidad genera ingresos anuales por más de 30.000 millones de dólares.

El emprendedor Ray Kroc, o el universo Mc Donald´s

“Este muchacho sabe lo que quiere”, esbozó un testigo fortuito aquella tarde estival de 1955, en la que el ejecutivo de máquinas de batido Ray Kroc, se quedara con la primera franquicia de ese negocio de comidas rápidas que brillara por su limpieza, para lograr poco tiempo después, que el nombre de sus dueños, los hermanos Mc Donald, se transformara en un referente no sólo económico sino también social.

Dice la historia que habían pasado algo más de veinte años desde que Richard y Maurice McDonald, dos jóvenes emprendedores, llegaran a Pasadena dejando atrás mandatos familiares. Tras probar suerte con diferentes comercios se dieron cuenta del auge del automóvil y crearon un negocio paralelo: la venta de comidas a ocasionales conductores atendidos por veloces señoritas montadas en patines, que entre pedido y pedido, alternaban con cocineros de comidas rápidas en un sistema edilicio octogonal, que permitía el recorrido circular de los autos a la vez que la preparación in situ de la comida quedaba a la vista.

Con un considerable capital a cuestas, los inquietos hermanos Mc desembarcaron muy cerca de Los Ángeles animándose con su nombre.

Ni remotamente imaginaron la gran cadena comercial por venir cuando decidieron diferenciar su restaurante en medio de una gran crisis económica. La mano de obra se había convertido en un problema y los costos de las materias primas eran elevadísimos, entonces, frenar ímpetus y sentarse a analizar las cuentas fueron prioridad.

El último balance arrojaba que el 80 % de la rentabilidad estaba dada por las hamburguesas.

Era el momento de tomar el toro por las astas y adosaron rapidez y autoservicio como esencia de la reestructuración en combinación a precios bajos.

Tres fueron los meses que les llevó el cambio y sin patinadoras a la vista optaron por un servicio directo, bandejas descartables, y preparación estándar de alimentos en línea contenidos en un menú de nueve platos, donde las hamburguesas fueron las anfitrionas por excelencia a sólo quince centavos de dólar.

La facturación del comienzo fue baja, pero nuevas propuestas fritas hicieron que el negocio repuntara.

Fue entonces que, tanto Dick como Mac, comenzaron a amesetar sus aspiraciones hasta que apareció Kroc, quien compró la primera licencia y llevó con el tiempo a McDonald´s Corporations a ser número uno en fast food en Norteamérica.

Respondiendo a las nuevas necesidades del mercado mundial, no sólo de adultos, sino también de niños, el apodado Rey de la Hamburguesa, desafió como nadie la Ley de los Arcos Dorados y eligió a Ronald, un pintoresco payaso hoy casi tan conocido como Papa Noel, para sintetizar lo feliz que era pensando el día que entró a ese local tan pulcramante organizado a ofrecer sus máquinas y se quedó no sólo con el comercio, sino también con la gloria.

Emprendedora: Mónica Segura, fundadora de Biokhonos

Cuando alguien se pone a pensar en un negocio, muchas veces cree que ya todo está inventado. Seguramente aún queden muchas cosas por inventar, pero la ocurrencia de algo absolutamente novedoso no es un requisito elemental para hacer un buen negocio. Puede pasar que, dentro de un producto que cubre determinado mercado, lo que surge es la visión de un nicho de ese mercado que no se encuentra satisfecho con ese producto o servicio. Se trata de buscar nichos, dentro de lo ya existente.

Eso fue en lo que pensó Mónica Segura cuando arrancó con su línea de cosméticos Biokhonos. “Yo veía que las grandes distribuidoras de cosméticos se enfocaban en lo popular, en el público masivo, pero faltaba algo dirigido a un sector más elitista del mercado”, cuenta Mónica.

Para llegar a un público de mayor nivel, había que asegurarse primero de que el producto que se iba a ofrecer era de la mejor calidad. Una vez conseguida esa certeza, la siguiente decisión de venta fue ofrecer a las mujeres probar la nueva línea de forma gratuita para que puedan compararla con las de la competencia.

El paso siguiente era buscar los canales adecuados de distribución, dentro de un mercado copado por empresas suizas, francesas, estadounidenses y otras. Luego de analizar varias posibilidades y teniendo en cuenta el público al que querían llegar, Biokhonos comenzó a distribuirse a través de cirujanos estéticos, spas, centros de masaje y cosmetólogas.

Fue tan exitoso el plan de promoción y venta, que en poco tiempo la empresa se encontró con un exceso de demanda, y falta de posibilidades técnicas para contrarrestarla. “Queremos crecer con paso firme para evitar así en menor medida los errores. El siguiente escalón es la exportación y estamos muy cerca de lograrlo”, explica Mónica mirando al futuro cercano.

Fuente: Mujer emprendedora