Estas y muchas preguntas relacionadas con el dinero y el éxito, fueron las que me hice en un momento de mi vida y las que me impulsaron a buscar, en forma apasionada, los pasos seguidos por los grandes emprendedores de la historia...
Cuando alguien se pone a pensar en un negocio, muchas veces cree que ya todo está inventado. Seguramente aún queden muchas cosas por inventar, pero la ocurrencia de algo absolutamente novedoso no es un requisito elemental para hacer un buen negocio. Puede pasar que, dentro de un producto que cubre determinado mercado, lo que surge es la visión de un nicho de ese mercado que no se encuentra satisfecho con ese producto o servicio. Se trata de buscar nichos, dentro de lo ya existente.
Eso fue en lo que pensó Mónica Segura cuando arrancó con su línea de cosméticos Biokhonos. “Yo veía que las grandes distribuidoras de cosméticos se enfocaban en lo popular, en el público masivo, pero faltaba algo dirigido a un sector más elitista del mercado”, cuenta Mónica.
Para llegar a un público de mayor nivel, había que asegurarse primero de que el producto que se iba a ofrecer era de la mejor calidad. Una vez conseguida esa certeza, la siguiente decisión de venta fue ofrecer a las mujeres probar la nueva línea de forma gratuita para que puedan compararla con las de la competencia.
El paso siguiente era buscar los canales adecuados de distribución, dentro de un mercado copado por empresas suizas, francesas, estadounidenses y otras. Luego de analizar varias posibilidades y teniendo en cuenta el público al que querían llegar, Biokhonos comenzó a distribuirse a través de cirujanos estéticos, spas, centros de masaje y cosmetólogas.
Fue tan exitoso el plan de promoción y venta, que en poco tiempo la empresa se encontró con un exceso de demanda, y falta de posibilidades técnicas para contrarrestarla. “Queremos crecer con paso firme para evitar así en menor medida los errores. El siguiente escalón es la exportación y estamos muy cerca de lograrlo”, explica Mónica mirando al futuro cercano.
Fuente: Mujer emprendedora
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Cuando nació su primer hijo, Faustina García pidió en la empresa donde trabajaba una reducción de la jornada, para poder dedicarle más tiempo a su nuevo rol de madre. En la empresa se lo negaron, y ese fue el inicio de la historia de Faustina García empresaria y de su compañía de adhesivos.
“Renuncié y me cuestioné si valdría la pena buscar trabajo en otra compañía, y me respondí que no. Tampoco iba a tener el manejo de mi tiempo”, recuerda Faustina. Pero como no quería quedarse sin hacer nada, buscó aprovechar los conocimientos y los contactos de la fábrica de adhesivos en donde trabajaba, para abrirse su propio camino en la fabricación de ese elemento para la construcción, un rubro poco habitual para las mujeres.
De entrada fijó su estrategia: iba a intentar venderle a las pequeñas tiendas, esas a donde las grandes marcas ni llegan, atraídas por los hipermercados o las grandes casas de la construcción. Y así fue como con 5 mil dólares juntados con la ayuda de su marido, logró la primera producción y se mandó a vender por los pueblos alejados de las luces principales.
Los resultados fueron los mejores en todo sentido. No sólo que lograba colocar muy bien su producto en estas pequeñas tiendas, sino que además se encontraba con un trato más directo y cordial, que no podía haber encontrado en grandes clientes. “Los pequeños comerciantes tienen mayor liquidez y suelen cumplir más con los pagos. Eso muchas veces no pasa con las empresas más grandes”, cuenta Faustina, quien supo apuntar bien sus escasas balas de entrada.
Hoy, después de ocho años, la empresa de Faustina ya se encuentra consolidada en el mercado y cuenta con 50 empleados, bastantes más que los cuatro con los que empezó. “Cuando yo me voy de vacaciones trato de no pagar nada con tarjeta de crédito y usar más efectivo. Como empresaria soy igual: no me gusta endeudarme mucho, prefiero ir creciendo de a poco”, se define.
Fuente: El Economista
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Su nacimiento en Yate, Inglaterra, la predispuso a un viaje aún más fantástico del que emprendiera su hijo dilecto Harry Potter en manos de sus lectores. Estudiante destacada de francés y filología clásica de Exeter, viajó a Francia para perfeccionarse. Tras la muerte de su madre se instaló en Portugal para enseñar inglés. Allí conoció a quien sería el padre de su primera hija. Después de convivir un tiempo, separada y en bancarrota decidió volver y establecerse en Edimburgo, donde su hermana estudiaba derecho. Desempleada y con muchos problemas de dinero, el estado la subsidió con asistencia social hasta que Harry conoció la luz.
Con las mieles del éxito encaminado y lejos de la desilusión del primer intento apostó nuevamente a la estabilidad emocional, y mientras planificaba la llegada de más hijos, avanzaba en la saga que la convertiría en la mujer más rica de Inglaterra, aún superando a la mismísima reina Isabel, algo impensado por la pobre Joanne de los comienzos que fue sometida a la ofensa de rubricar la primera edición de “Harry Potter y la Piedra Filosofal” como J. K. Rowling, ya que según su editor era más confiable ampararse en la firma de un hombre para consolidar un best seller.
Y es que en ese momento, todo era aceptable para esta mujer que había paseado sus ilusiones, de ver publicado su libro, por muchas agencias literarias que menospreciaron la obra que hoy le redituará ganancias a perpetuidad.
Darse el lujo de rechazar propuestas, y ser dueña de algunas excentricidades como tomar vacaciones en las islas Galápagos y África, o poseer tres casas diferentes: dos en Escocia y una muy cerca del Palacio de Buckingham es, en la actualidad, algo corriente para Joanne.
En un informe reciente, la revista Forbes señaló que la fortuna de Rowling asciende a 576 millones de libras esterlinas (845 millones de €, 1144 millones de dólares), convirtiéndose de esta manera, en la única mujer capaz de reunir semejante cifra a partir de un best seller.
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